martes, 26 de mayo de 2015
Volar, a mi manera
He empezado este escrito unas cuantas veces, tantas como no lo he terminado, porque a mi parecer carecía de estatura para una cuestión tan elevada. Pero hoy lo sellaré, nacido de improviso en una noche fría de Diciembre, porque de improviso hablaré sólo yo. A veces, los dioses no susurran.
Por mi sombra que destierro al sueño hasta que tenga algo que ofrecerle.
Volar es despedir la Tierra para abrazar el Cielo, patria para los que saben danzar con el viento o cruzar los tiempos. Es dádiva transparente de bello fondo a las miles de luces que cantan en la noche oscura pugnando por marcar nuestras huellas.Porque estoy seguro de que la última mirada del sabio Tales la dirigió a su tumba eterna y, sin embargo, su criada lloró de risa.
Tengo en la tarde de un sueño caminantes errantes que tenían su corazón nutrido por la llama del dragón. Nadie supo si aquellos hombres eran dragones o aquellos dragones hombres.Lo bello, lo sublime, es que podían volar.
Amaban al Sol y el Sol los amó, porque ellos lo amaban. Se inclinaron ante él y su fuego los devoró, porque ellos se inclinaron. Y en el fuego volvieron a crecer sus sombras en su antigua aurora.
El bramido que clama por la verdad de una ausencia y proclama tal vacío como el de un aposento con el suelo más alto que el techo.
Las palabras siguen su baile, tras la música que busca el camino, la lacrimosa del Réquiem, como el perro de Mozart, firme ante la lluvia.
Sólo los colmillos podrán quebrar el cascarón, sólo las escamas podrán acariciar la lluvia violenta, sólo la mirada sabia podrá atisbar el camino y el alma en guerra de paz, encontrar la fuerza, grandeza y nobleza requeridas para liberar del sueño. El peso es el culpable de nuestro ostracismo.
Hijos mimados de la vida
Bastantes veces he pasado por este mismo punto que ahora rompo escribiendo.
Ideas bellas, penas esclavas y verdaderos extravíos que nunca he escrito y se han perdido naturalmente, sin estertores ni lamentos, son los silencios del baile intermitente de esta conciencia que ahora escribe con el único objetivo de dejar una frase que tiene gran significación para mi persona:
"No te engañes, tú no amas al Sol, tan solo amas las luces y las sombras que él te entrega".
¿?
Un instante quebrado, si tiempo hubiere. Una gélida helada del verbo, si el silencio callara.
¿Miedo a saltar? El miedo es cada vez más grande, pero yo también. Crezco como la montaña, que muere del viento. Crezco como el mar, libre entre mil costas. Como el águila que ama el sol y vive del fuego. Como la vida en el alma del moribundo. ¡Como el sueño esquivo que escupe brumas al hombre despierto! Es sacarle los ojos al Destino y entregárselos a la Justicia, es clamar como el ser etéreo que canta en soledad, es atreverse a odiar con tanta fuerza como desearíamos poder amar, es beber sedientos del cieno hasta respirar azufre y, una vez bajados nuestros ojos, elevar la mirada hasta el deslumbre. Viejo el hombre de las diezmil caras, tras un hábito negro como el mar sin luna, aspira y expira tu aliento y duerme tan lejos como tú decidas.
¡Basta!
¿Miedo a saltar? El miedo es cada vez más grande, pero yo también. Crezco como la montaña, que muere del viento. Crezco como el mar, libre entre mil costas. Como el águila que ama el sol y vive del fuego. Como la vida en el alma del moribundo. ¡Como el sueño esquivo que escupe brumas al hombre despierto! Es sacarle los ojos al Destino y entregárselos a la Justicia, es clamar como el ser etéreo que canta en soledad, es atreverse a odiar con tanta fuerza como desearíamos poder amar, es beber sedientos del cieno hasta respirar azufre y, una vez bajados nuestros ojos, elevar la mirada hasta el deslumbre. Viejo el hombre de las diezmil caras, tras un hábito negro como el mar sin luna, aspira y expira tu aliento y duerme tan lejos como tú decidas.
¡Basta!
Seguir caminos o crearlos
Desde que tengo uso de razón y recuerdos en memoria se me ha pasado asidua y fugazmente la idea de si existiría algún lugar sobre la faz de la Tierra que nadie hubiera conocido, que nadie hubiera pisado, vivido o recordado.
No por vestirme de descubridor, si lo hubiera bien guardaría el secreto de nuestro encuentro, sino por juzgar en justo tribunal mi acción y reacción, mi miedo u osadía, la victoria o la derrota de mis pasos.
Es decir, realmente, me pregunto si avanzaría hacia lo que desconozco, hacia el abismo de las diezmil preguntas si, como un misterioso teatro de repente se abrieran ante mi...
Cada paso, cada camino, al final es una muerte continua, matas tu yo pasado y alumbras el nuevo. Joder, menos mal que tenemos más vidas que los gatos y menos que el sol.
Pasa a veces que paro, miro, y me inquieta haberme equivocado de camino, porque a mi me han puesto una vida delante de las narices unas personas muy listas que saben lo que es la felicidad, pero nací perro (y) raro y siento que si me cambiaran un palacio por un bosque, sería poco más que cambiarse de ropa, que la barca de oro o de pino, al final, baja el río, y el oro, pesa más.
¿Aire o humo?¿Fumar o respirar?
Hace mucho tiempo, el primer día de algún año le propuse a un amigo fumarnos todas las cosas malas del año. Se sacó unos cigarros y con la emoción del que cree que está haciendo algo significativo, profundo, fueron cayendo las malas experiencias con cada bocanada de humo.
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Puede parecer algo contradictorio que pretendiéramos expulsar el mal aspirándolo pero los males espirituales muchas veces nos salen por derroteros autodestructivos, no es camino sabio, pero en el dolor se encuentran verdades y el alma sedienta a veces llama al sufrimiento ciegamente.
Aquella anécdota despertó en mi una imagen, la del hombre que sin saber muy bien cómo, comienza a fumar, olvida respirar y se conforma con el humo que él mismo busca, el hombre que a cada calada consume su vida junto con la de su cigarro.
Le hace daño, lo sabe, lo siente pero lo necesita, no encuentra otro aire que respirar, se ve envuelto y atado por su propia bruma, conoce su final, lo teme, pero lo sigue. Cada día más débil, más consumido, pierde su conciencia y termina desapareciendo en el seno de su vicio, su perdición, su desarraigado sino. No, no muere pero eso ya da igual porque tampoco vive, porque ignora los susurros del viento, porque el sol no acaricia su piel, porque algún día entornará sus infames ojos pero ya dará igual. Porque no volverá a respirar.
Le hace daño, lo sabe, lo siente pero lo necesita, no encuentra otro aire que respirar, se ve envuelto y atado por su propia bruma, conoce su final, lo teme, pero lo sigue. Cada día más débil, más consumido, pierde su conciencia y termina desapareciendo en el seno de su vicio, su perdición, su desarraigado sino. No, no muere pero eso ya da igual porque tampoco vive, porque ignora los susurros del viento, porque el sol no acaricia su piel, porque algún día entornará sus infames ojos pero ya dará igual. Porque no volverá a respirar.
Mirando a las estrellas...

"Todos vivimos en el cieno, pero algunos levantamos los ojos hacia las estrellas".
Demasiados hombres caminan cada día con andares titánicos, creyéndose gigantes de todo cuanto les rodea, ciegos, terriblemente ciegos, destruyendo la tierra de la que viven, pisoteando los olvidados principios que les rigen y secando su alma con cada pueril acción.
Todo lo saben y nada les queda por aprender, el mundo es algo conocido y seguros lo recorren o más bien lo pisotean, nada les queda ya de la infantil curiosidad, aquella inocencia y sorpresa que hubo un tiempo que voraces les empujo al conocer y entender, al saber del mundo y crecer en ese aprendizaje, en esa sabiduría, esa pasión por la vida y el mundo que en fatídico momento debió caer en sequía.
No son felices y poco a poco se van dando cuenta, conforme se apagan las luces y los ruidos de la juventud, conforme la vida va perdiendo la efímera fortaleza que recubre las apariencias, las luces deslumbrantes languidecen dejando entrever lo que somos.
Tan solo una acción, un gesto, un enhiesto cuello los puede llevar a romper la ilusión, despertar de la ignorancia y darse cuenta mirando a las estrellas de lo pequeños que en realidad son y de la inmensidad que los espera, guardando sus eternos misterios.
lunes, 8 de abril de 2013
Amor-Amón-Amaat
Desde el corazón arañado por odios milenarios, me levanto tambaleante y vuelvo a afirmar con la voz fragilizada mi máxima verdad: yo solo soy amor.
Idos malditos, espectros nigromantes de las selvas de la desesperación, os conozco como al amanecer, sé el rostro y las sombras de cada una de vuestras presencias, sé vuestro sabor y vuestros nombres. Yo os he sido y ahora vosotros me servís, huestes infernales de la luz aciaga, y no tendréis techo cobarde que os cobije en esta extraña taumaturgia continua de mi mente. No os quiero, no os creo, seducís con riquezas del orgullo y devoráis a vuestro paso todo lo bello de este mundo.
Yo amo el odio que viene del amor, yo me desnudo ante lo eterno una y mil veces, y aunque mi ánimo mutilado persista por las huellas de este mundo, si me encuentro con la sonrisa de un niño mi alma se conmueve y tiembla en mi la inocencia como un terremoto que guarda el fuego, el brillo sin fín de la pasión más profunda y joven.
Cuando más pérdido estaba, vino a lamer mis laceradas heridas la humedad íntima de un cerbatillo sagrado, que con el sabor de mi vida creció hasta hacerse un ciervo de enhiesta y portentosa cornamenta. Y aún habiéndome curado, más me ofreció, dobló su rodilla y me permitió auparme sobre su lomo para empezar, guiado por su galope, a llevarme a sitios donde las perlas se derriten y hay piedras que saben del cielo.
No tengo espacio, pues, para aceptar las salvajes huestes de la malignidad, no hay en mi naturaleza un instante de conciencia que elija eso. Y los momentos de olvido y crispada tensión, son el ademán de un asentimiento, una aseveración natural de la voluntad sublime de mi ánimo verdadero. La maldad me destroza, en la maldad me destrozo, hay luz suficente para verlo, siempre la hay aunque no siempre la hubo.
Siempre hay un dolor que eleva, como las grietas que en la celda del prisionero, dejan atravesar la luz de la libertad.
Siempre hay otro dolor que consume, empequeñece, vulgariza y atrofia la sabia decisión de vivir. De vivir con plenitud de intenciones, sin dejarse nada en el plato, saboreando la gracia de resolverse, cual enigma sentido, a cada instante.
Así que yo me sonrió de las vanas tensiones deshonestas que perturban y alejan de esa conmoción maravillosa de amar, porque no conozco otro camino que merezca la alegría.
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